sábado, 19 de abril de 2014

CULTURA CHIBCHA

CULTURA CHIBCHA

FAMILIA CHIBCHA

Esta gran familia indígena, considerada como una de las más numerosas del nuevo mundo, y de las que lograron desarrollar una alta cultura en el continente americano, tuvo amplia difusión en la zona andina.

Ocupó territorios hoy pertenecientes  a las repúblicas de Costa Rica, Panamá, Colombia, Ecuador y Venezuela. Prefirió, para su instalación las partes altas de la cordillera de los Andes, aun cuando algunos grupos se establecieron en zonas de climas cálidos o templados.

Debido a su dispersión, no formaron un pueblo único, sino pueblos separados de la gran familia caribe. Conservaron en común la lengua, a pesar de sus numerosos dialectos; algunas creencias religiosas; su dedicación a la agricultura, la orfebrería, los tejidos e hilados y la cerámica; los vestidos, la vivienda y otras características.

Los Chibchas a quienes se circunscribe entre estudio son los grupos muiscas que ocuparon lo que hoy son los departamentos de Cundinamarca y Boyacá, en la parte de la Cordillera Oriental. Es decir, la Sabana de Bogotá, los Valles de Ubaté, Chiquinquirá y Sogamoso; la región de Tunja, la altiplanicie de Guatavita y algunas de las vertientes de las misma cordillera. Parece que antes de la llegada de los Caribes, los chibchas dominaban oda la ladera de la Cordillera, hasta el rio Magdalena. La presión de los muzos y los panches hizo replegar a los primitivos pobladores a la parte alta andina.

 ASPECTO FÍSICO:
Los chibchas eran gentes de regular estatura, de cráneo braquicéfalo, cara ancha, de pómulos salientes; piel oscura y bronceada, ojos negros brillantes y pequeños, ligeramente oblicuos como los habitantes del Asia Oriental y Oceanía; el pelo, negro y lacio. Caía generalmente sobre los hombros, tanto en los hombres como en las mujeres. Los varones poseían escasa barba; sus dientes eran grandes parejos y muy blancos. Su cuerpo era de complexión robusta; anchos de hombros y miembros musculados; piernas cortas y pies anchos. Ponían a prueba su fortaleza con trabajos pesados como el transporte de cargas a grandes distancias, y la cacería, especialmente la de venado. Los deportes, cuyo ejercicio era habitual, constituían demostración de habilidad, ligereza y resistencia.

El pueblo chibcha había desarrollado formas de vida de nivel elevado y los etnólogos lo clasifican entre los pueblos americanos de alta cultura. Aunque era un pueblo esencialmente agrícola, había logrado una organización social y política basada en leyes y preceptos religiosos. Sus conocimientos en ciencias y artes no les dieron a los chibchas un puesto tan prominente como a los mayas y a los incas en el desarrollo material, pero los colocan entre los pueblos avanzados de cultura espiritual más elevada.

Poseían amplios conocimientos de las matemáticas y tenían un calendario que les servía para atender a todos los menesteres de la agricultura y para la celebración de las fiestas religiosas y civiles.

CALENDARIO:

El tiempo lo median por soles o días; estos se dividían en periodos, así: zagüi-madrugada, suamena-mañana, suameca-medio día, zasca-tarde y za-noche. Una agrupación de tres días se llamaba zuna y diez zunas constituían un mes o una sunata. El año estaba formado por 12 meses de diez zunas cada uno o sea de treinta días o por doce lunas o chocán la más amplia división del tiempo era una edad o bxoganoa, compuesta de 60 chocanas.

 Tenían un sistema de numeración vigesimal y otro de pesas y medidas, que usaban con gran habilidad en sus transacciones comerciales. No se conocen con detalle por que los cronistas dejaron datos muy confusos sobre ellos.

ESCRITURA:

Emplearon la escritura jeroglífica de la cual dejaron pinturas en las rocas. Los petroglifos están escritos en tinta roja indeleble, con figuras de ranas, serpientes, círculos concéntricos, espirales y otros de difícil interpretación. Al respecto dice el padre Román y Zamora, en su libro Repúblicas de las Indias que “aun cuando los chibchas no tenían abecedario, por medio de figuras se comunicaban la historia de sucesos”. Los petroglifos que son piedras de gran tamaño, presentan la característica común de llamar la atención y de estar localizados en lugares que delimitan el territorio muisca con otras tribus vecinas.

ARTES:

Los chibchas no fueron grandes pintores ni escultores. En cambio, fueron ceramistas muy cuidadosos y extraordinarios orfebres. Además de los adornos personales que confeccionaron en oro, representaron dioses, animales y hasta la consagración del Zipa.

Trabajaron el oro, tanto puro como en aleaciones con cobre, llamadas tumbaga, que daban mayor resistencia al metal puro. Hicieron fetiches consistentes en figurillas delicadamente grabadas, cuyos motivos principales son seres de la mitología aborigen: ranas, serpientes y demás animales sagrados. Igualmente sabían hilar el metal para obtener el alambre finísimo, que empleaban en sus filigranas. Los trabajos de los indígenas fascinaron a los españoles, quienes arrebataron sus riquezas a los orfebres.

Hoy se pueden admirar gran parte de esas obras, gracias a la cuidadosa organización que ha dado el Banco de la República al Museo del Oro, el cual, en su género, es el mayor del mundo.

VALORES SOCIALES Y POLÍTICOS

El territorio se divida en varios principados de costumbres, lengua y religión idénticas, pero políticamente independientes. Habitaban en aldeas formadas por casas que cercaban con vallas de madera pintadas de varios colores, lo cual daba aspecto muy atractivo a las poblaciones. Algunas de ellas llegaron a agrupar hasta dos mil casas, como las aldeas de Bacatá, capital del dominio Zipa, o Hunza, sede Zaque.

El aspecto pintoresco que representaba a sabana con sus pueblecitos, próximos unos de otros, con sus casas pintadas y sus grandes cercados, hizo que Jiménez de Quesada le diera el nombre de Valle de los Alcázares.

La sociedad estaba dividida en clases, siendo la principal la de los nobles o usaqes, familiares de los príncipes; le seguía en consideración la de los Jeques o sacerdotes; luego los militares o gûechas, los comerciantes y el pueblo, formado por los agricultores, artesanos, mineros, alfareros y joyeros.

EL MATRIARCADO: la organización sociopolítica de los chibchas se regía por las normas de una cultura matriarcal. En efecto, el poder se trasmitía a los sobrinos, hijos de hermana. Así, al morir un Zipa lo sucedía un sobrino hijo de una hermana del fallecido, después de educarse en el Templo de la Luna, en donde se ejercitaba en prácticas de gobierno, vivía dentro de normas rígidas y era instruido acerca del patrimonio cultural de sus antepasados.

LA VIVIENDA: las casas de los chibchas, que constaban de una sola habitación y no tenían puertas, eran de planta circular y techo cónico, o de planta rectangular y techo del llamado de dos aguas. Las construían de madera con techo de paja. Generalmente adornaban las paredes con esteras, o con pieles de animales.

Los chibchas acostumbraban proteger sus viviendas en la forma ya expresada. Por dentro del cercado solían tener algunas sementeras, jardines y animales domésticos.


Las casas de los jefes eran más grandes, tenían más adornos y doble cercado. Los cronistas dicen que cuando los chibchas construían templos o casas para los jefes, acostumbraban enterrar niños debajo de las columnas, en la creencia de que esto hacia más durables las construcciones y los liberaba de la influencia de los espíritus malignos.


 LA ORGANIZACIÓN POLÍTICA: a la llegada de los españoles, los chibchas se hallaban divididos en tres reinos:

·        EL REINO DE BACATÁ:

En donde era soberano el Zipa, cuyos dominios abarcaban todo el territorio que ocupa la Sabana de Bogotá, el Valle de Ubaté, Simijaca y la región de Guatavita. Cada pueblo estaba mandado por un cacique, el cual debía ser de familia noble, militar o poseer alguna jerarquía religiosa. Para los pueblos situados en las fronteras de enemigos se nombraba a los asaques, escogiéndolos “entre los hombres de más nobleza y mejor sangre, costumbres y valentía, de los cuales eran preferidos aquellos valentones que dijimos se llamaban guecha”.

Cada cacicazgo tenía sus preeminencias especiales y determinadas funciones en la administración.

El Zipa era un gobernante eminentemente militar pero debía ser escogido entre las familias nobles. Al morir un Zipa, lo heredaba un sobrino hijo de la hermana suya.

La posesión de un nuevo Zipa se hacía siempre con grandes ceremonias religiosas iba el príncipe hasta la laguna de Guatavita, acompañado de gran séquito; allí se le embarduna el cuerpo con miel y se le untaba polvo de oro. Después de esto, entraba con algunos nobles a una balsa y se internaba en la laguna, antes de que saliera el sol. Una vez que este aparecía, el príncipe debía echarse al agua, en medio de la gritería de la gente, que presenciaban la ceremonia desde la orilla. Después de aquel acto, se arrojan ofrendas a los dioses y se hacían fiestas y juegos populares.

·        EL REINO DE HUNZA:

Abarcaba gran parte de lo que hoy forma el departamento de Boyacá, desde el Oriente de Tunja hasta las poblaciones de Ráquira, Moniquirá y Chiquinquirá. Su capital era Hunza, donde hoy se encuentra Tunja.

El jefe de este reino se denominaba Zaque y su dinastía era considerada de origen divino. Según relato de los indígenas, Garanchacha, fundador de la dinastía de los Zaques, había nacido de una esmeralda engendrada en las entrañas de la hija del cacique de Guachetá, quien fue fecundada por un rayo del sol. De suerte que la familia real tenía por accidente a Xué, y de consiguiente, su poder debía ser absoluto. Estaba prohibido a los súbditos mirar la cara al príncipe so pena de oprobio y ser considerado infame. Para quien mereciera esta pena no había derecho alguno; no era digno de la piedad de las gentes; nadie podía darle posada ni prestarle ningún auxilio.

Vivía el Zaque en una serie de bohíos edificados uno próximo al otro y protegidos por un gran cercado de maderas pintadas. En los vanos, por donde se entraba a las chozas, se colocaban placas de oro colgantes que, al ser movidas por el viento, producían un agradable sonido musical.

El reino de Hunza se dividía en varios principados independientes unos de otros, pero sometidos a la autoridad suprema del señor de la ciudad. Tributarios, en orden de importancia, eran los señores de Ramiriquí, Turmequé, Zataquira, Guateque, Soracá, Oitacá, Sora y otros.

Cada uno de estos príncipes usaques estaba obligado a pagar tributos al Zaque, los cuales se satisfacían en moneda y en especie. Llevaban mantas, víveres, cerámica y otros muchos presentes, con lo cual atendía el gobernante, tanto el sostenimiento del ejército como el culto religioso y demás necesidades de la comunidad.

El pueblo estaba obligado a pagar tributos tanto a sus usaques como al Zaque. Estos consistían en trabajo para las tierras del soberano, de los nobles, sacerdotes y militares, y en contribuciones en oro, mantas y víveres.

·        EL REINO DE TUNDAMA:


Este reino comprendía la región nordeste del actual departamento de Boyacá. Su jefe tenía origen militar, tal como el Zipa, y conservaba su tradición guerrera, manteniendo un ejército disciplinado, “con hombres mejor conformados de sus dominios, valientes, resueltos, determinados y vigilantes”. Estos hombres eran los encargados de la defensa de las fronteras y solía ser premiados estableciéndolos como caciques donde faltaran los herederos legítimos.

Fueron tributarios del reino Tundama los señores de Gámeza, Busbanzá, Soacha, Tasco, Tópaga, Monguí, Tutasá, Mongua, Pesca, Bonza, Sátiva y Soatá.

LAS LEYES

Los chibchas habían logrado desarrollar un sistema legal perfectamente definido y las leyes eran rigurosamente observadas. Los caciques y sacerdotes eran los directamente encargados de hacerlas cumplir y de aplicar castigo a los contraventores. Sin embargo, existía una especie de tribunal superior, presidido por el cacique de Suba, al noreste, ante quien acudían en apelación las personas no satisfechas con las sentencias de la justicia ordinaria. El fallo del cacique de Suba era definitivo e inapelable.

Las leyes tenían los siguientes tres orígenes:










Las establecidas por las costumbres y las conveniencias sociales
·        Era delito huir en el campo de batalla. Al culpable se le castigaba con la pena de muerte, en caso grave; cuando no, se le obligaba a vestir con traje de mujer y hacer los oficios de estas.
·        No podía declararse ninguna guerra sin consultar primero a los Obques (adivinos).
·        Todo marido debía comprar a su mujer y entregar el precio convenido a la familia de ella.
·        El marido estaba obligado a cuidar a su esposa. Si ésta moría por descuido del esposo, el culpable perdía la mitad de los bienes, los cuales pasaban a la familia de ella.


Las de origen divino, establecidas por Nemparén, señor del Valle Sagrado de Iraca.
·        No matar, no hurtar, no mentir y no quitar mujeres ajenas.
·        Los homicidas, mentirosos y adúlteros eran castigados con la pena de muerte.
·        A los ladrones se les castigaba con la infamia y la separación de la tribu.






Las dictadas por el Zipa Nemequene.
·        Solamente el soberano podía tener litera y ser conducido en hombros.
·        Solo el soberano y sus usaques podían cazar venados y comer su carne.
·        Solamente los mismos nobles podían horadarse las orejas y las narices y usar en ellas joyas de oro.
·        Ningún súbdito podía mirar al rey ni sentarse en su presencia.
·        Nadie podía revelar el sitio en donde era sepultado el soberano.

Además de éstas, había otras disposiciones que se refieren a las tribus para el príncipe, a los ayunos, ceremonias del culto, reglamentos de los juegos y la agricultura, épocas de siembra y cosecha y fiestas respectivas.

LA GUERRA

Para defensa de los reinos, éstos poseían un ejército numeroso, bien adiestrado y suficientemente bien armado, el cual estaba al mando de los más valerosos capitanes. En caso de guerra todos los señores estaban obligados a prestar contingente extraordinario. Además existían tratos de ayuda mutua, como con el Tundama y con el Iraca o supremo Sacerdote de Sugamuxi.

VALORES ÉTICOS

LA RELIGIÓN: El pueblo muisca era esencialmente religioso. Casi todas las actividades ordinarias de su vida estaban reguladas por principios emanados de sus dioses, a quienes rendían culto, consagraban monumentos y dedicaban festividades especiales. Sus divinidades estaban encarnadas en fuerzas de la naturaleza y ellas atendían a sus pueblos, especialmente a lo relacionado con la vida común, la agricultura, la guerra y los muertos. En consecuencia, los chibchas no adoraban a un solo Dios, sino a varios.

Rendían culto al sol, a la luna, al agua, como principales entes sobrenaturales; alrededor de estas divinidades figuraban una serie de héroes, estrechamente vinculados al pueblo, a sus costumbres y tradiciones.

El dios principal era el Sol, a quien denominaban Xué. En su honor había un templo en el Valle de Iraca, en donde vivía el sumo sacerdote de Sogamoso. Todos los súbditos debían concurrir a Sugamuxi, al menos dos veces en su vida y ofrendar presentes a su divinidad. Además, debían asistir a las ceremonias principales que se celebraban en agosto o para las fiestas de las cosechas.

La Luna, a quien llamaban Chía, era otra de las divinidades principales. Le rendían culto especial y la consideraban esposa de Xué. El culto del agua era otro aspecto importante de la religión muisca.

LAS COSTUMBRES

EL MATRIMONIO: Predominaba entre los muiscas l costumbre de la compra de la mujer; una vez aceptado, debía pagar a la familia de la prometida un precio convencional, que dependía, en gran parte, de sus posibilidades económicas. Sin embargo, la mujer seguía siendo propiedad de la familia, y en caso de repudio o de mal entendimiento, volvía a la casa de sus padres.

El noviazgo según los cronistas consistía en la manifestación que debía hacer el varón pasando varias veces a la misma hora por la puerta de la escogida. Una noche debía dejar el, en las cercanías de la casa, una manta. Si la india la recogía, era señal de aceptación; en caso contrario, de rechazo. Si ocurría lo primero, el aspirante se sentaba cerca de la habitación y esperaba pacientemente la salida de su prometida. Ella traía una totuma con chicha y de ella ofrecía a su galán, quien tomaba parte y en seguida devolvía la vasija, para que la futura esposa también tomara en la misma.

Dados estos pasos, el novio ofrecía regalos a la familia de su próxima mujer. Hablaba con los futuros suegros, les mostraba la casa que había construido para su hogar y se concertaba el día de la boda.

La ceremonia se hacía en presencia del Jeque el novio, traía regalos para su novia, para los padres, hermanos y tíos maternos de ella. Después bebían chicha en la misma totuma y se iniciaba la música y el baile. Las mujeres preparaban la comida para todos los invitados y la repartían.

Llegada la hora de retirarse, el novio fingía un rapto, los invitados lo perseguían haciendo gran bulla, hasta el momento en que entraban en su nuevo hogar.

VESTIDOS Y ADORNOS: Por las condiciones del clima, los chibchas usaban vestidos abrigados, consistentes en mantas de algodón, que tejían con cuidadoso esmero; un fino manto ceñía su cuerpo; otro, a manera de capa, cubría los hombros donde se sujetaba con un largo alfiler de oro o cobre que denominaban topo, dejando los brazos descubiertos. Las mujeres usaban un vestido semejante. Cubrían el cuerpo de la cintura para abajo, con una falda, generalmente pintada de azul; pecho y espalda los tapaban con una manta que se sujetaba cerca de los hombros. No acostumbraban al calzado.

En los páramos o tierras frías, utilizaban gorros tejidos de algodón, a veces adornados con plumas, que cubrían la cabeza, las orejas y la boca, como un pasamontaña. A esto le llamaban juraica.


Para sus festividades se adornaban con pulseras, ajorcas, orejeras, collares, pectorales y narigueras de oro, muy vistosos y cuidadosamente trabajados; enriquecidos, además, con esmeraldas, las piedras de mayor utilización entre los chibchas.

RITOS FUNERALES: La muerte constituía para los chibchas un acontecimiento, especialmente cuando el fallecido era noble. Según sus conceptos religiosos, la muerte era el resultado de la separación de dos partes de que estaba compuesto el hombre. Para ellos solamente moría la envoltura exterior, mientras que el alma, o sea el otro yo, emprendía un viaje a lo desconocido, hasta llegar a confundirse con los astros. La parte inmortal de la persona, sin embargo, conservaba todas las necesidades físicas que había tenido en vida, por lo que era preciso proveerla de los elementos indispensables: víveres, bebidas, armas, vasijas, oro, mantas, sal y muchos otros artículos. Hombres de cierta posición tenían derecho de ser enterrados con sus mujeres.

Embalsamaban los cadáveres y luego los colocaban de manera que las rodillas quedaran fuertemente unidas a la barbilla. Para esto los amarraban con sogas de fique preparada la momia, se envolvía en mantas de algodón y la colocaban en una sepultura abierta en el suelo.

Cuando moría un cacique, la ceremonia debía ser presidida por el sacerdote principal, cuyo cargo estaba la preparación del cadáver. El entierro no podía hacerse si no en horas de la noche y solo podían acompañar al muerto muy distinguidas personalidades. Desviando el lecho de un rio, abrían en el fondo la sepultura, en donde depositaban los restos mortales, los servidores y mujeres que debían acompañarlo en al viaje al más allá. Luego se reencauzaba la corriente por encima de la sepultura. Las personas que habían participado en el entierro, no podían revelar el lugar, so pena de la maldición de los cielos y la infamia en la tierra para ellos.

VALORES ESTÉTICOS

LOS TEMPLOS Y PALACIOS: En el Valle Sagrado de Iraca se levantaba el Templo del Sol al cual acudían gentes de todo el imperio, con el ánimo de rendir homenaje al más grande de los dioses muiscas. Al templo del Sol solo tenía acceso el Sumo Sacerdote de Sugamuxi, quien recibía de los feligreses las ofrendas sagradas, consistentes en idolillos de oro, oro en polvo, y las depositaba en el altar.

El templo del Sol, según los cronistas, consistía en una casa de planta circular con doble techo cónico, que permitía la ventilación y la luz. Las paredes eran de bahareque y decoradas interior y exteriormente; por la parte de afuera, con cañas entre tejidas, unidas por cuerdas de fique y de algodón, pintadas de diferentes colores; en el interior, recubiertas con esteras de junco, pintadas también con vistosos colores; en el centro había un gran disco de oro que representaba al Sol, el cual se iluminaba con los rayos que penetraban a través de las ventanas dispuestas apropósito.

SADIGUA: Santo misionero de Oriente, que tantas cosas enseño a los indígenas, veinte edades antes dela llegada de los españoles, instituyó en Sugamuxi el culto máximo del Sol y como heredero de su soberanía nombró a Nemparén, Señor del Valle del Iraca, quien fue el supremo legislador de los chibchas.

Llevaba vida de penitencia y estudio en el templo. La sucesión de su dominio o pontificado no podía hacerse sino entre quienes hicieran estudios sacerdotales y seminarios especiales llamados Cucas.

El dominio temporal del Supremo Sacerdote abarcaba lo que hoy son las poblaciones de Gámeza, Busbanzá, Tota, Pesca, Firavitoba y Tobasía.

En la capital de reino de Hunza existía un santuario o adoratorio destinado al culto del Sol, que hoy se conoce como “Cojines del diablo”. Allí acudían todos los nobles, caciques tributarios y pueblo en general con ocasión de las festividades religiosas que se celebraban en fechas determinadas.

FIESTAS RELIGIOSAS

LA FIESTA DE XUÉ: Llegado el día fijado, se reunía la multitud frente a la habitación del sumo sacerdote y se dirigía al templo en procesión. El camino estaba alfombrado con mantas de algodón y flores; para recorrerlo era preciso gastar un periodo de tres días. Llegado el Jeque al templo, permanecía en el otros tres días, acabo de lo cual, restablecido el cortejo, volvía a su residencia.

En estas solemnes festividades, la multitud exhibía varios vestidos y disfraces. Unos llevaban mascaras o caretas de madera u oro, con lágrimas pintadas y todos impetraban a Xué las bendiciones para sus cosechas, el bienestar para sus familias y la prosperidad en sus negocios.

Durante esta festividad se sacrificaban niños, a quienes se daba el nombre de moxas.
Para el sacrificio, se les habría el pecho y así se llevaban a lo alto de la colina  con el fin de que fueran consumidos por el sol. Para que el holocausto fuera bien aceptado por los dioses, era preciso que el moxa fuera absolutamente virgen y puro. Los niños que se preparaban para el sacrificio eran comprados a tribus extrañas o hechos prisioneros en las guerras.

Las costumbres de los sacrificios varió con el empleo, como víctimas, de guacamayas a las que les enseñaban las oraciones de rigor.

LA FESTIVIDAD DEL HUÁN:

Los habitantes de Sogamoso tenían una fiesta que llamaban Huán, en honor a Chiminiguagua, dios creador de la luz. Esta fiesta consistía en una danza de doce sacerdotes con capas rojas, en torno de otro que vestía capa azul, todos con pájaros pequeños en la frente, adornados con guirnaldas. La muchedumbre marchaba, cantando melancólicas endechas que traían a la memoria la muerte y la eternidad. Estas ceremonias fúnebres terminaban cuando todos los participantes prorrumpían en lamentos y lágrimas; entonces, el cacique, para restablecer la alegría, hacia repartir cantaros de chicha.

CULTO DEL AGUA: El agua era otra de las divinidades que mayores beneficios reportaban al hombre y a sus actividades. Ella mantenía en buen estado la salud de las gentes, se brinda para preparar el alimento y fabricar la chicha; al caer sobre la tierra la fecundaba y la hacía producir abundantes cosechas. Todo indio debía darse baños en las quebradas, ríos o lagunas, y arrojar en ellas ofrendas a los dioses. Según la mitología, cerca del agua estaban las ranas, que eran el alimento del sol y las que anunciaban a los hombres el periodo de las lluvias y la iniciación del tiempo seco. Es decir, los tiempos de la siembra y de la recolección.

Tan arraigada estaba tal costumbre que contra ella tuviera que luchar terriblemente los misioneros cristianos, quienes predicaron como pecado la costumbre del baño.

Los principales santuarios eran las lagunas de Siecha, Tena, Ubaque, Guatavita, Iguaque y Tota. Según los cronistas, los más ricos y cariñosos se rendían en sus orillas, al son de alegres músicas y el frenesí de las danzas. Pececillos de oro, preciosas esmeraldas terracotas henchidas de ofrendas y mil primores de la industria indígena, eran arrojados al compás de salmodias de los jeques, “y de los cánticos de la muchedumbre engalanada, en los que se proclamaban las virtudes de la diosa y se rechazan sus leyendas prodigiosas”.

El conocimiento de las ceremonias y solemnidades religiosas en que los chibchas arrojaban joyas, figurillas o pepitas de oro como tributo a sus dioses fue lo que hizo surgir en las mentes de los conquistadores españoles la leyenda de El Dorado, que dio origen a muchas expediciones y fabulosas aventuras.

La aventura de los hijos recién nacidos estaba encomendada al augurio de las aguas: arrojaban a la corriente un flotador empapanado en la leche de la madre; detrás de él salían algunos nadadores quienes debían recuperarlo. Si el flotador daba volteretas antes de haber sido alcanzado por sus perseguidores, se presagiaba mala suerte para el recién nacido; si, por el contrario, era rescatado antes de haberse volcado juzgaban que habría de tener ventura. En este último caso debían celebrar con fiestas el suceso.

LAS FIESTAS PROFANAS

Estas fiestas se celebraban con ocasión de acontecimientos considerados fastos: la terminación de una casa, un matrimonio, el nacimiento de un hijo varón, la recolección de la cosecha, el cambio de estación entre otros.

Las fiestas se celebraban con grandes comidas y bebidas de chicha, en cantidades mayores de las acostumbradas para el consumo diario en ciertas fechas, como en las de cambio de estaciones, en la del maíz, o en los matrimonios, era permitido a todos comer la carne de venado, siempre que mediara la autorización del Soberano. Entre los eventos con que se celebraba el acontecimiento, ocupaban lugar destacado los cursos de destrezas: carreras a pie, lucha individual; saltos alto y largo, juego de tejo y bolos. Muchos de estos certámenes eran presenciados por los caciques y jefes militares, quienes obsequiaban a los vencedores con premios.

Nunca faltaban en estas festividades, la música, las danzas y los cánticos, y en ciertas ocasiones se representaban pantominas.

EL IDIOMA

No se tiene noción precisa acerca de la lengua chibcha, pues las gramáticas que mencionan algunos cronistas no son otra cosa que la transcripción que hicieron los iberos de los sonidos chibchas a la escritura española. Es evidente que los conquistadores en general, y, los religiosos en particular se vieron obligados a aprender el chibcha, pero a su vez aprendieron el español, que se impuso a manera de lenguaje oficial. De esta suerte los indígenas se hicieron bilingües, pero con el correr del tiempo dejaron la lengua nativa, que particularmente despareció durante el siglo XVII.

LAS LEYENDAS

Las leyendas son historias referidas por los pueblos acerca de su origen o de cualquier otro hecho. Las leyendas se diferencian de la historia en que no siempre son verdaderas. Los indígenas tenían muchas leyendas de las cuales éstas son las principales:
Bachué
Bochica
Chía y Xué

VALORES ECONÓMICOS

LA AGRICULTURA: La actividad económica de los muiscas fue variada. Era un pueblo laborioso, para quien la ociosidad constituía un crimen severamente castigado. Su ocupación principal fue la agricultura, a la que se dedicaban por igual hombres, mujeres y niños, reservando a la mujer el privilegio de depositar la semilla en la tierra, pues la había recibido de los dioses el don de la multiplicación de la especie. Sus principales siembras fueron las de papa, maíz, hibias, cubios, chuguas, fréjoles, arvejas, arracacha, tomate, calabazas, ahuyamas entre otros. Cultivaban las curubas, granadillas, cerezas, anones y otras especies.

Tenían animales domésticos, aun cuando no los que pudieran servirles de bestias de carga, de tiro o como auxiliares en sus labores. Cuidaban conejos, curíes, cafuches o cerdos monteses, pavas, paujiles y otras aves de adorno o para alimentación. También fueron cazadores y pescadores muy hábiles.

LA EXPLOTACIÓN MINERA: Los chibchas son una excepción entre los indígenas, en la explotación sistemática de las minas. Trabajaron intensivamente las de sal, carbón, esmeraldas y cobre.

Las primeras fueron explotadas en Zipaquirá, Nemocón, y Sesquilé. Obtenían la sal por medio de la excavación de galerías y empleaban las mismas técnicas que hasta hace poco se utilizaban para la compactación y purificación del producto. La sal servía no solo para el uso doméstico, sino de moneda principal, como mercancía, con la cual hacían intercambio con las tribus vecinas.

En Sogamoso, Tópaga, Gámeza, Corrales y algunos otros lugares que formaban parte del actual departamento de Boyacá, y en Suesca, del hoy departamento de Cundinamarca, los chibchas extrajeron el carbón mineral que necesitaban para fines domésticos, la orfebrería o la preparación de la sal.

Obtuvieron las esmeraldas en las minas de Somondoco y de Muzo. En estas últimas hasta cuando fueron desalojados de la región por los muzos, quienes continuaron la extracción de la gemas, con las cuales a su vez, comerciaron. Extraían el cobre de minas existentes en Moniquirá, pero se ignoraron los procedimientos que emplearon para obtener el metal puro. Lo utilizaron con el oro.

LAS INDUSTRIAS

HILADOS, TEJIDOS Y CERÁMICAS: Los chibchas fueron muy hábiles en el arte de hilar y tejer. Entre las fibras nativas que se utilizaban estaba el fique, del cual fabricaban sogas y telas burdas, empleadas en distintos menesteres, incluyendo el vestido. Pero su principal materia prima fue el algodón que, aun cuando no se producía en los climas altos de la cordillera, se conseguía en los mercados indígenas. La industria textil también fue ocupación tanto de los hombres como como de las mujeres. Utilizaban el huso con mortero, que es un peso que se pone al final del huso para facilitar la labor. El mortero se fabrica con piedra o barro cocido. Conocían el telar y tejían gran variedad de mantas que pintaban con pinceles o con estampadores especiales, hechos de barro cocido, usados a la manera de sellos.
Se distinguieron como hábiles ceramistas, principalmente en la fabricación de vasijas para la cocina, las escudillas o platos para comer, las múscuras o botijas para guardar o transportar el agua y fermentar las bebidas alcohólicas. También hicieron lujosas urnas funerales. Los adornos de la cerámica de este pueblo eran frecuentemente motivos antropomorfos y zoomorfos.
Entre los utensilios de uso industrial se encuentran moldes para la elaboración de panes de sal; crisoles para la fundación de los metales y matrices para el mismo propósito; torteras de hilandería, rodillos para la impresión de relieves y el estampado de las telas.

En los utensilios domésticos imitaban flores y frutos, y adornaban las asas con mascarones y cabecitas de animales o de hombres. Igualmente, sabían emplear sistemas para la aplicación de los colores y para el vidrio de la loza.

EL COMERCIO Y LAS COMUNICACIONES: Los chibchas se caracterizaron como hábiles comerciantes del Nuevo Mundo. Debido a su variada industria, muchas  de las materias primas que necesitaban no se producían en la región o limites políticos de sus dominios. Por tal razón, se vieron obligados a aponerse en contacto con otros pueblos a fin de establecer con ellos intercambio de productos.

Para hacer los largos viajes que implicaba su actividad comercial, los chibchas construyeron una complicada red de vías terrestres que comunicaban las diferentes poblaciones entre sí y los llevaban a los territorios de otras tribus, algunas muy distantes de la sabana. Fueron, pues, ingenieros que se distinguieron en la construcción de caminos. Todo territorio ocupado por ellos estaba cruzado de trochas muy bien concebidas, algunas con simple piso de tierra, otras adoquinadas con piedras, a manera de pavimento. Salvaban los ríos y los abismos por medio de puentes colgantes, que los españoles denominaron miqueras.

El radio de acción comercial de los chibchas era muy extenso. En poblaciones de la que hoy son los departamentos de Cundinamarca y Boyacá había ferias locales para el cambio semanal de comestibles y otras mercaderías. La sal y las mantas se vendían comúnmente en la población de la Tora (Barrancabermeja), en donde las adquirieron los españoles que venían con Jiménez de Quesada y, según informes de los cronistas, llegaron a venderse hasta en las tribus del litoral atlántico. Igualmente, algunos escritores de la Colonia cuentan que, llevadas desde la Sabana de Bogotá, se encontraron mantas de fabricación muisca entre las tribus de los Llanos Orientales, especialmente las ribereñas del rio Orinoco.

Los chibchas usaron monedas, que eran pequeños discos de oro, como de tres centímetros de diámetro y distinto grosor, pues este regulaba su valor. No tenían distintivo de ninguna clase y siguieron usándose muchos años después de la conquista española.



Fuente: historia de Colombia (ediciones cultural)

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